NO ES UN JUEGO DE NIÑOS

¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué es lo que realmente no funciona? Algo efectivamente está sucediendo en los diferentes centros escolares, algo que en algunos casos pasa desapercibido o es inexistente, pero en otros, son devastadoras y trágicas sus consecuencias.

Entendemos que, estas consecuencias deben tener su origen en que ciertos comportamientos y actitudes de nuestros menores son normalizados, es decir, creemos que son comportamientos propios de la edad. Empezamos a considerar “normal” comportamientos menos violentos como algunos insultos, burlas, una mala contestación, etc. Deducimos que atraviesan una etapa de desarrollo hormonal, una etapa de indecisión y rebeldía, pero ¿no deberíamos establecer ciertos límites?

Deberíamos construir esa diferenciación entre los comportamientos propios de la edad y las actitudes violentas o agresivas hacia otros compañeros. Empezando sin duda por una buena educación en el hogar, y continuando en los centros educativos, que es, donde nuestros pequeños/as pasan la mayor parte de su tiempo.

Estamos en la obligación de ayudarles. Ayudarles a continuar por otro camino, hacerle saber que ése no es el correcto, y hacerle entender que su comportamiento puede influir y destruir a otra persona. Y a esa persona destruida debemos otorgarles nuestro más sincero apoyo. Apoyo para que sepa que no ésta sólo, que tiene a su alrededor personas que le admiran, le quieren, hacerle saber que existe otra salida, y que su vida es maravillosa.

Os dejamos el enlace con el vídeo desgarrador de la madre de Diego, el niño que se quitó la vida a causa del bullying.

Sí, son sólo niñas/os, pero no se trata de ningún juego. Nuestra más sincera repulsa a los delitos relacionados con el acoso escolar. Descansa en paz Diego, descansa en paz Alan, descansa en paz Carla, descansad en paz todos aquellos que no visteis otra salida a esta lacra. Nosotras vamos a luchar para que muchos chicos/as sí que la vean. ¡Podemos construir algo mejor!

 

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One thought on “NO ES UN JUEGO DE NIÑOS

  1. El sistema es perverso. Los centros escolares se encuentran en competencia por los recursos y no quieren líos o jaleos que puedan enturbiar su imagen ante los gerifaltes que los reparten. Consecuencia: se obvian, silencian o ignoran los casos de acoso de manera sistemática. Por otro lado, los padres están inermes en la medida que ni los centros saben qué hacer, ni la justicia cuenta con los recursos necesarios para abordar el tema… En fin, un desastre.

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